Testimonio 1

Desde muy pequeÒo empecÈ a tener algunos problemas al tratar de dormir. Cuando estaba acostado en mi cama pensaba frecuentemente en la muerte.

Primero empecÈ a preguntarme quÈ sucederÌa cuando mis abuelos murieran; despuÈs comencÈ a pensar que pasarÌa con mis pap·s, y por ™ltimo terminÈ pregunt·ndome a dÛnde me irÌa yo cuando muriera. Esta pregunta trajo miedo e inseguridad a mi vida, por lo cual empecÈ a buscar una respuesta. Al preguntar me respondieron que Dios existÌa y que habÌa 2 lugares a donde uno se podÌa ir al morir: al cielo o al infierno.

Por otro lado unos me decÌan que sÛlo los que se portaban bien se iban al cielo, pero otros me decÌan que Dios era tan bueno que nos perdonarÌa a todos.

Lo que nadie me contestÛ claramente, fue que tan bien me tenÌa que portar para irme cielo, ni tampoco porque existÌa el infierno si Dios nos iba a perdonar a todos.

AsÌ, mientras m·s preguntaba acerca de la muerte , m·s crecÌa mi temor. Por el contrario, mi hermana era una persona que parecÌa no tenerle miedo a nada, pues ella tenÌa una actitud de rebeldÌa ante todo, no import·ndole que esto le ocasionara problemas con todos los que la rodeaban. En ella yo encontrÈ una buena forma para justificarme y tratar de calmar mi conciencia.

AsÌ, empecÈ a juzgarla, y a evitar meterme en problemas como ella. Esto provocÛ que la gente nos comparara y que yo me sintiera mejor que ella. Por esto empezÛ a crecer una gran rivalidad entre los 2, a tal punto que eran pocos los momentos en que podÌamos estar juntos sin pelearnos.

Esto no quitÛ mi miedo hacia la muerte, pero si ocasionÛ que mi vida empezara a ser doble, pues el miedo al infierno y a tener los problemas de mi hermana, me llevÛ a portarme bien delante de la gente, mientras que cuando estaba solo y en mi mente permitÌa muchos y diversos pecados. El temor me seguÌa tanto que empecÈ a refugiarme en la televisiÛn y en la religiÛn que mis padres me habÌan inculcado.

Pero, a pesar de ver la televisiÛn por largas horas y repetir cientos de rezos diariamente, mi conciencia no me dejaba tranquilo.

Adem·s de esto, empecÈ a tener un nuevo temor: que la gente descubriera como era en verdad, lo que me hizo ser una persona muy insegura. TambiÈn mi situaciÛn familiar empeoraba dÌa con dÌa.

A los 13 aÒos, envuelto en estas circunstancias, se acercÛ a mi la persona que yo menos esperaba a contestar mi pregunta acerca de la muerte.

Esta persona era mi hermana. Ella me dijo 3 cosas:
Primero me dijo que Dios iba a cambiar su vida, lo cual me extraÒÛ, pues ella siempre habÌa dicho que no creÌa en Dios.

Por otro lado me dio gusto, pues ella causaba muchos problemas y lloraba diariamente, lo que me molestaba mucho. En segundo lugar me dijo que ella se iba a ir al cielo cuando muriera, lo cual no creÌ, pues yo pensaba que ella no se lo merecÌa.

En tercer lugar ella me dijo que yo me iba a ir al infierno, pues yo no conocÌa a Dios. Esto me enojÛ mucho, pues yo pensaba que cÛmo se atrevÌa ella a decirme a mi, que yo me iba a ir al infierno. A pesar de mi mala actitud, ella me continuÛ hablando y me mostrÛ en la Biblia que sÛlo las personas que tenÌan a Cristo en su corazÛn podrÌan entrar al cielo. Aunque yo le decÌa que Jes™s estaba en mi corazÛn, yo sabÌa que en mi interior lo ™nico que habÌa era miedo y pecado. Ella tambiÈn me dijo que Dios conocÌa todos mis pecados, pero que Cristo habÌa muerto por todos ellos en la Cruz y que si yo me arrepentÌa de ellos, Šl podrÌa entrar a mi corazÛn.

Al oÌr esto me dio m·s miedo:
Ahora sabÌa quÈ iba a suceder conmigo cuando muriera, y aunque ahora tambiÈn sabÌa la soluciÛn para no irme al infierno, mi orgullo no me permitÌa reconocer delante de mi hermana que yo estaba mal.

Cada dÌa yo veÌa cambiar m·s y m·s a mi hermana y disfrutar de mucha paz, mientras que mi miedo hacia la muerte aumentaba.

Pasaron casi dos meses en los cuales mi hermana no dejÛ de hablarme y de comprobarme con su vida y con la Biblia que todo lo que me decÌa era verdad.

Fue entonces cuando un dÌa entrÈ a mi cuarto y cerrÈ la puerta, y le pedÌ a Dios que me perdonara por todos mis pecados, y que Jes™s entrara a mi corazÛn para salvarme, pues yo no me querÌa ir al infierno. Ese dÌa me quedÈ dormido sin problemas.

DespuÈs de esto mi hermana, con la cual empecÈ a llevarme como nunca antes, me siguiÛ mostrando en la Biblia como conocer mejor a Jes™s.

La paz de sentirme perdonado y la seguridad de tener la vida eterna quitÛ por completo mi miedo hacia la muerte. Diariamente compruebo a travÈs de la lectura de la Biblia y de la oraciÛn que Jes™s est· en mi corazÛn. Ahora sÈ que no se necesita ser bueno para ir al cielo, sÛlo es necesario arrepentirse y aceptar lo que Cristo hizo en la Cruz.

Jes™s ha hecho que odie la hipocresÌa y que no viva para agradar a la gente sino a Šl. Šl me ha dado el valor para enfrentarme a mi mismo, y asÌ ha podido sacar muchos pecados de mi corazÛn.

Esto me ha dado mucha seguridad, pues ahora no temo que la gente sepa como soy por dentro. Cristo tambiÈn me ha guiado en cada ·rea de mi vida y la ha hecho un Èxito. Šl convirtiÛ la enemistad con mi hermana en una verdadera y preciosa amistad, que ha crecido sin cesar con el paso de los aÒos.

Hace 15 aÒos y medio que Jes™s entrÛ a mi corazÛn y adem·s de darme un gran amor por mi hermana tambiÈn me ha dado un gran amor por la gente.

Por esto todavÌa me preocupa la muerte, pero ya no la mÌa, sino la de las personas que me rodean, aunque Dios me hace dormir tranquilo, sabiendo que Cristo las ama y las est· buscando como lo hizo conmigo. En el primer capÌtulo de Filipenses dice: "Porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia". Este versÌculo describe lo que Dios ha hecho en mi corazÛn. Me ha dado un objetivo claro en la vida y me ha hecho ver la muerte de una manera totalmente distinta.

Hoy toda mi vida gira en torno a Jes™s y diariamente le pido a Šl que me utilice, como usÛ a mi hermana conmigo, para que muchas personas lo puedan conocer y puedan disfrutar de Šl como yo lo hago.

Šl me ha bendecido mucho a travÈs de estudiar la Biblia durante todo este tiempo y tambiÈn me ha dado el privilegio de predicar su Palabra y compartir con mucha gente todo lo que Šl me ha enseÒado. Hace algunos aÒos Dios me regalÛ una amistad con Jenny y su familia, la cual Šl ha hecho crecer tanto, que hace 9 meses le dije a Jenny que si Dios me diera a escoger una familia, escogerÌa otra vez la mÌa, pues Dios no se equivoca, pero que si Dios no me dejara escoger otra vez la mÌa, escogerÌa su familia.

En este ™ltimo aÒo he seguido comprobando que Dios definitivamente no se equivoca, pues como nunca amo y disfruto a mi familia, pero tambiÈn he seguido comprobando que soy de gran estima ante los ojos de Dios, pues ahora me ha dado la oportunidad de formar parte de la familia de Jenny. Dios me ha hecho sentir como prÌncipe muchas veces con su amor, pero hoy en especial lo hace mas que nunca, d·ndome como esposa a Jenny, quien no sÛlo me hace recordar la dulzura de Jes™s todo el tiempo, sino sÈ que ser· mi ayuda idÛnea para cumplir mi anhelo de transmitirle a los dem·s el amor de Dios.

Jenny te recibo como mi legitima esposa. Prometo delante de Dios y de estos testigos el entregarme a ti sin ninguna reserva. Prometo amarte y ayudarte en todo, estÈs enferma o con salud, en pobreza o en riqueza y prometo dedicarte todos mis afectos conyugales a ti y solo a ti todo el tiempo que Dios nos conceda la vida para vivir como esposo y esposa.

Jenny te entrego este anillo como sÌmbolo del amor que tengo por ti, al entreg·rtelo te hago partÌcipe de todos los bienes que Dios me ha dado y de todos los bienes que Dios me dar·.